Colombia aprende ¿Pero entiende la educación como una herramienta para el desarrollo regional?

Sucre requiere con urgencia, un sistema educativo que le brinde alternativas de profesionalización vocacional a todos jóvenes que no pueden acceder a la educación superior, para que así puedan dignificar su condición social y económica, con la certeza de convertirse en actores calificados para la promoción y desarrollo de sus regiones dentro de un contexto laboral que hoy en día les resulta tan incierto

Desde el momento en que el Gobierno Nacional se trazara el objetivo de construir una Colombia más educada hasta la fecha, puede parecer prematuro el querer juzgar los avances de una política educativa que busca hacer frente a grandes desafíos como lo son el acceso, la calidad, equidad y cobertura; pero se hace vital, a fin de apreciar el progreso de la educación como herramienta para el desarrollo, el revisar las cifras que lo avalan junto con una realidad de la que solo la población joven en las diferentes regiones del país puede dar fe.

Actualmente en el país, según cifras del Ministerio de Educación, tan solo el 48,5% de los jóvenes graduados en el año 2015 lograron acceder a la educación superior en 2016, y allí es donde apuntan todos los esfuerzos del gobierno a fin de lograr una mayor cobertura y menor deserción, mostrando grandes avances, ya que en tan solo una década, gracias al incremento del presupuesto destinado a educación, se ha logrado que la esperanza de vida escolar aumente en dos años, como resultado del desarrollo de programas como ser pilo paga, donde más de 10 mil jóvenes de bajos recursos en todo el país puedan acceder a educación superior de alta calidad.

Pero estos esfuerzos en definitiva, deben ir acompañados de estrategias transversales que aborden problemas de calidad, participación y aprendizaje, que permita hacer frente al reto al que nos enfrentamos en la ardua tarea por lograr esa Colombia más educada, para poder coordinar el trabajo por la disminución de la brecha en el acceso con una propuesta de formación profesional pertinente y de calidad que responda a las necesidades propias de cada territorio.

En Sucre, por ejemplo, la cobertura en educación superior para el año 2015, según cifras reportadas por el sistema Nacional de Educación Superior, se encuentra en un 24,23%, una cifra nada despreciable si la comparamos con la proyección del gobierno de una tasa de cobertura departamental por encima del 20%. Pero de ese 24.23% ¿cuáles cuentan con una orientación académica y ocupacional que se adapte a las actividades económicas propias del Departamento?, difícil respuesta cuando la realidad es que contamos con una oferta educativa desligada de los sectores productivos de un territorio tan diverso como lo es Colombia.

Por lo anterior, aún con los avances en la cobertura tanto a nivel nacional como departamental, habría que preguntarse si la educación en Colombia se está proyectando como una herramienta que busca disminuir las brechas de inequidad territorial y mejorar las condiciones de desarrollo socioeconómico de las regiones, o tan solo se está contemplando como una estadística más que nos acercará como país a los objetivos de sostenibilidad propuestos por la OCDE.

Por tal razón debemos procurar la construcción de un sistema educativo sólido que proporcione niveles más altos de aprendizaje y competencias en la educación básica y media. Que conecte a los jóvenes con instituciones de formación profesional y educación superior como resultado de una calidad educativa con enfoque vocacional, que les permita ingresar a un sistema de profesionalización asequible que promueva las competencias que les permitan dignificar su condición social y económica, con la certeza de convertirse en actores calificados para la promoción y desarrollo de sus regiones dentro de un contexto laboral que hoy en día les resulta tan incierto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *